Matriz

Caracas, ¿cementerio de centros comerciales?
Luis Barragán  28.01.01 11:55 p.m.

Otros Artículos
Escritura web: ¿Adiós a la Underwood?

Hp + ITESM = Educación

Cibercafes: Un negocio sin café

Sociedad del Conocimiento

Ese hipertexto es mío

Comunidades políticas e Internet

Después del Estado viene George Soros

CNN bajo la lupa de la opinión internauta

La anarquía municipal de Naomi Klein

La guerra planetaria de Ignacio Ramonet

Publicidad subliminal: mitos y tabúes

Cédula (digit@l) falsa

29º C: ¿Internet con hipotermia?

Incidencia express

e-Conjura

Regularid@d vs. Certez@

Sociedad de la des-información

Fetichismo de la mercancía y productos culturales

Teoría de las rejas

El despertar islámico

Globalización en la London School of Economics

Los fundamentos de la guerra

El gigante herido

Esquivo Colón

¿Me globalicé?: NO, Me globalizaron

¿Es conveniente un debate sobre la clonación humana?

Protocolos Soci@les

Internet: ¿Quién la necesita en Venezuela?

Sudamericana amplía su plaza

Política criminal e Internet

e-PRUEB@

Alcaldías virtuales

Los conflictos silenciosos II

Los conflictos silenciosos I

Fuentes, cantidad y calidad de la información en entorno electrónico y audiovisual

Caracas, ¿cementerio de centros comerciales?

Comprender el periodismo digital: nuevos medios para nuevas situaciones

Escuelas digitales: no sólo utopía.

Siervos y lacayos

La transformación de los procesos de trabajo

Internet se apunta a la gestión del conocimiento empresarial

El documento en el entorno virtual II

¿Cómo conducir su empresa hacia Internet? Con sentido común….

El documento en el entorno virtual I

Tecnología y educación

La revolución de la información y la pobreza

Legitimación de capitales e inversiones extranjeras...

¿Eres postmoderno?

La ecología light del Banco Mundial

Internet no es una obra de caridad

Amigos que no tienen rostro II

Amigos que no tienen rostro I

Hipernavegación y aprendizaje significativo

Dinosaurios y charros electorales

Merecer la cibernética

Electrónica kitsch:retrocultura desde el email

Internet entre Ícaro y Dédalo

Internet, tecnología e individuo: una visión integradora

Internet como una herramienta de poder

“Arquitecto aterrado de los que hacían
mis semejantes en oficio mostrándome
los excesos a que podía conducir un
desaforado y anárquico afán de construir,
solía refugiarme en lo añoso y tradicional...”
Alejo Carpentier



La Caracas que visitó el protagonista de la novela de Carpentier contaba con refugios añosos y tradicionales, luego devorados inmisericordemente. Una tierra fértil quedó sepultada por el asfalto modernizador, cruzada de tuberías intestinales y tanquillas digestivas: frecuentemente asoma sus deteriorados pulmones, anegada por la lluvia, escarapelada por los deslizamientos, manchada por los escombros como viejas espinillas resignadas al sol mohoso de la ciudad.

El auge residencial

Las transformaciones de la capital hablan de las distintas bonanzas petroleras experimentadas. Una de ellas, en los años setenta, provocó la acelerada construcción de complejos residenciales cuando pocos tenían noticia de la existencia de una rudimentaria Ley de Propiedad Horizontal, acostumbrados al estable inquilinato en los edificios de apartamientos.

Variadas urbanizaciones surgían como emblemas de un irresistible ascenso social, incluyendo las campestres -también amenazadas por barriadas en sus costados- para aquellos que no podían vacacionar largamente en el norte.

El Estado no sólo garantizó el empleo de aseadores y ascensoristas, sino que proveyó el subsidio requerido para dinamizar la industria de la construcción y las actividades hipotecarias.

Una muestra al azar da importantes pistas si consideramos los niveles del salario real y nominal de entonces, autorizado el ahorro por un tiempo razonable para hacerse seguro propietario. Un apartamento en la California Norte, 2 habitaciones, Bs. 5.000 de inicial, u otro de lujo, en La Boyera, 4 habitaciones, cocina equipada, Bs. 15.000 de inicial y mensualidades de Bs. 898 (El Nacional, 05/01/74); una casa en Santa Paula de 5 habitaciones, por Bs. 350.000 (06/01/74), mientras en la esquina de Monroy el apartamento de 2 habitaciones llegaba a Bs. 77.500 con inicial de Bs. 11.500 cancelando mensualidades en 12 años por el orden de Bs. 732 y los restantes 8 por Bs. 492 (12/01/74).

Luego, aparecerá fulgurante la estafa inmobiliaria, facilitada por la extemporaneidad del Código Penal y, ahora, en el reino de la crisis, unos inmuebles padecerán el deterioro y la inevitable depreciación, mientras otros sorprenderán por el sobreprecio. Los índices de delincuencia y la contaminación sónica, las condiciones de la vialidad y las facilidades de acceso harán la diferencia.

Auge residencial que no llegó a todos, anunciado por una obra audaz que ayudó a sanear El Conde, como no pudo hacerlo el parque minimalista de diversión que la precedió. No obstante, los apartamentos fueron hechos para una sociedad de consumo, pues la simplicidad de sus dependencias de servicio advirtieron el fácil desecho y la deseable reposición de comestibles, enseres y atuendos, como el empleo de la secadora y la lavadora con una baja tarifa eléctrica. Vale decir, Parque Central como precursor del espejismo petrolero: la estrechez de baños, closets y cocina no permiten el almacenamiento de insumos, considerado el exceso de la prole, amén de la nostálgica ambientación de la hotelería de cinco estrellas.

Auge comercial

Atravesamos una fortísima recesión económica, sin impedir la multiplicación de los centros comerciales (CC), “mall”; o “shopping center”. Escasamente abonan a centros anteriormente celebrados como el Paseo de Las Mercedes, Plaza Las Américas y un poco el de Colinas de Vista Alegre, frecuentados por los vecinos del sector, de cierta estirpe comunitaria, sin olvidar el Centro Simón Bolívar -punto culminante de todo el deterioro urbano- y el Pasaje Zingg, cuyas escaleras mecánicas con gradas de madera despertaron la curiosidad de los visitantes de décadas ya extraviadas en el recuerdo.

Una vez fueron la Calle Real de Sabana Grande, las más plebeyas de Catia y el distante casco de Chacao, promesas de compra o entretenimiento. Ciudad de magnitudes aceptables y amables que atraía a las familias interioranas, preservado un cierto sentido de comunidad en la irresistible transición populista de los cincuenta y sesenta.

La acelerada construcción y desinhibida serialización de los CC, precisamente nos remite al bulevar que garantiza la vivencia inédita del anonimato; concebido el centro comercial de hoy como un bulevar bajo techo, según dijera Gustavo Valle. No se trata de las desoladas plazas públicas de bancos prestos a hospedar a los mendigos, escenario de las correrías infantiles, el moderado ciclismo, los tropiezos del patinaje, las sillas de extensión del estudiantado, el amor platónico, sin obligación de consumo, pues, los CC constituyen una suerte de “ciudad ideal con espíritu de pasarela”, correlato del videoclip y el zapping en la construcción de un “campo visual a partir del parpadeo” que recoge la “necesidad de cambio como principio narcótico”.

Un ambiente descontaminado, seguro y confortable es el compromiso esencial del CC, palacio de la comida rápida, la ropa de marca y las salas de cine con su más reciente tecnología. El hacinamiento sabatino y dominical contribuye a la otra subcultura del espejismo.

El CC aparece también sobre la tumba de viejas edificaciones, a veces veneradas por su antigüedad y diseño en una ciudad que se hace todos los días, siendo capaz de destruir la Plaza de La Concordia hecha de nobles materiales, preñada de significación histórica, para reemplazarla por la grotesca fealdad de un estacionamiento subterráneo coronado por un simulacro artístico, cita obligada de delincuentes. Ha sido fácil pedir que no destruyesen el edificio Galipán o el Hotel Avila, sin que reclamemos determinadas reglas y criterios para la preservación de las edificaciones valiosas, incluyendo los recursos para que el Estado las afecte: al parecer, el autoritarismo político no tiene equivalentes en otros campos, aunque lo necesario es un distinto, compartido y bien asentado dispositivo legal que diga más de autoridad que de autoritarismo.

La colmena comercial (CCCC) Caracas parece destinada a ser un cementerio de centros comerciales a juzgar por el poder adquisitivo de sus habitantes y el propio agotamiento de un modelo de desarrollo avalado por la renta. Habrá estudios de mercado que saluden la inversión en el local de un CC, prontamente desvanecidos en razón de nuestra capacidad real de consumo.

Una demostración empírica la encontramos en las experiencias comerciales fallidas que se traducen en los cada vez más numerosos locales vacíos en centros inaugurados y festejados en tiempos recientes, como la creciente cantidad de personas que simplemente los pasean. Sentimos que, esta vez, La especulación urbana toma otro camino, porque no hay “mejor negocio” que dividir un local de medianas dimensiones sobre todo para la venta de jugos y frituras, celulares y loterías u otros productos y servicios y esto, descubierto por los pequeños rentistas, se ha trasladado al terreno de las grandes inversiones: la apresurada construcción de sendos CC sembrados de innumerables minitiendas que, al depender de su ubicación en la urdimbre, pueden agigantar sus ventas o fracasar estrepitosamente.

Un breve ejercicio nos remitirá a las grandes edificaciones que tienden a remedar los cercanos mercados libres, públicos y populares, milmultiplicando los puestos y ofertas. Son tantos los hipolocales que un mínimo porcentaje podrá sobrevivir, sin las adecuadas garantías de funcionamiento y ambientación que los haga competitivamente- seguros, confortables y limpios. Puede decirse que el modelo del celebérrimo mercado de La Hoyada encuentra sus versiones corregidas y aumentadas.

La masiva construcción de CC de tiendas y minitiendas, la inevitable jerarquía y sucesión que impone la moda, la elevación de las cuotas de condominio para mantenerlos en competencia, así como el abusivo alquiler de sus pasillos, también contribuyen a su inviabilidad, salvo la conversión en referentes comunitarios que atentarían contra las expectativas originales del negocio. El oleaje residencial de los setenta que jamás resolvió el problema de la vivienda en Venezuela, ha brindado sus aguas a otro en la misma ensenada especulativa: la colmena comercial también es un tributo a la recurrente ilusión de prosperidad que nos aqueja, probables videoclip y zapping existenciales.

Creemos adivinar a Caracas como un extenso cementerio de centros comerciales (CCCC), mildiferida la ganancia expedita de propietarios e inquilinos. Posiblemente solitarios, reminiscentes de viejos bullicios, tendrán como destino las iglesias protestantes, las oficinas de la administración pública, los liceos y escuelas huérfanos de sedes más cómodas y decentes.

La desconcentración industrial de la ciudad impide un diferente posicionamiento, pero no extrañaría los grandes almacenamientos de tela, la cohetería decembrina u otros que abaratan los costos al burlar los consejos bomberiles.

Bibliografía consultada:
“La Consagración de la Primavera” Editorial Letras Cubanas, La Habana, 1987.
“La geografía de los sueños. El centro comercial como un nuevo espacio fantástico”. Cuadernos Hispanoamericanos. Madrid, 02/00, Nro. 596.
Si quieres indagar más sobre el fenómeno, lee también:

Caracas en La BitBlioteca
Texaco: luego de la euforia
Ciudades imposibles
Ciudad Texaco: retorno al 1400
Ciudades de Acontecimientos
Libremente encerrados: Internet, ¿refugio o escape?
Walter Benjamin opina sobe el surgimiento de las galerías

email:luisbarragan@hotmail.com

 


Teletransportador | Icono | Fractal | E-Negocios | Matriz
Neroli | Pilot | Home | Feedback

 
 

Microsoft VBScript runtime error '800a01f4'

Variable is undefined: 'OpenAdStream_Right2'

/va/global/cyber/frame/frame.asp, line 198